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TU GOBIERNO
Estamos tirados en la línea de fuego, magullados, rasgados, hechos trizas. Nos cortaron las alas, no, las alas no, nunca tuvimos alas, pero teníamos piernas, y con ellas corríamos de ti, de tu alma tan perversa, porque solamente éramos tus putas, solamente nos usaste. Trabajamos para ti, y de nuestro mísero sueldo agarrabas la mayor parte, por estar en un sillón rascándote los genitales, te pagábamos por un pedazo de pan y hasta por una caricia.
Tu hijueputa madre esclavizó a la nuestra, la quemaba con hierros y se comía su comida, le quitó el amor, sus hijos sus sueños, su juventud.
La sangre que corre en las calles de lo que alguna vez fue una ciudad llena de vida ahora parece un río, la pestilencia abunda y los cadáveres de nuestros amigos yacen en el suelo sin esperanza, los campos que alguna vez fueron nuestro alimento no son más que tumbas de nuestros seres amados, y de los seres que a ti también te amaron.
Nos volvimos pájaros en jaulas, cerraste nuestras ventanas y dibujaste paisajes falsos en ellas, nos dijiste que todo iba a mejorar pero nos estabas manipulando; nuestros lamentos para ti eran como melodías cuando nos presumías con tus amigos monstruos.
Pero te creíamos / qué idiotas.
Planeamos la venganza cada día, e imaginamos matarte pero cada vez que nos sonreías y traías a nuestras bocas algo de alimento, te perdonábamos y te volvíamos a amar, o porque estábamos locos, o no sé porque, tal vez por seres humanos, porque todo hombre que prueba el poder no vuelve a ser una persona, se convierte en una bestia; como tú. Que te reías cada vez que uno de nosotros moría.
Y así poco a poco, lo fuimos entendiendo, a punta de golpes, a punta de terror, con tanto dolor, después de tanta muerte, nos dimos cuenta que eras malo, que nos estabas destruyendo, que no nos amabas, que solo pensabas en ti.
Oh! Cuánto dolió abrir los ojos, muchos quisieron volver a cerrarlos, mejor hubiera sido no despertar decían, y lloraban; pero dentro de mí algo ocurrió, más que una frustración era una rebelión y mi sangre empezó a hervir de odio que hasta sentía ganas de masticar cada una de tus tripas y escupirlas sobre el frio y sodomizado cadáver de tu madre .Así.
Entonces empecé, yo, y también algunos, por eso digo, empezamos a idear algún plan que nos salvara de la miseria; escapar siempre fue nuestro principal ideal, la venganza era la cereza del pastel.
Mi pueblo, como un niño está llorando y las mujeres son infértiles, tu amigos las violaron, les desgarraron el ama, porque el cuerpo es lo de menos, lo que duele es el interior, lo que nos hace ser quien somos y eso amigo mío, eso no tiene cura, eso no cicatriza, no vuelve a ser lo mismo, queda un cráter y las noches se vuelven interminables, las pesadillas y los miedos son insoportables.
Qué te hizo el pueblo, el que diariamente se despertaba temprano a la labor, para que pudieras comer, para que pudieras tener unos huaraches y que tus piecitos de niño no se lastimaran por que no vayas a decir que tu padre no se partió el lomo en el maizal, comiendo tortilla con sal, para que tu madre y tu pudieran comer, no sabía la clase de hienas que estaba alimentando.
Pero de grande querías más, no te conformabas con lo que ya se había logrado a punta de esfuerzo, tú lo querías todo, querías aprovecharte a tus compatriotas su fe, su amor, y su dinero. Entonces te fuiste, sediento de poder y te refugiaste en la traición, en lo que todos llaman religión, política y buena intención, porque los peores pedazos de estiércol son los que están detrás y después de ti, tragándose cual pedazos de carne el trabajo y esfuerzo de la gente que cree que les debe la vida cuando es al contrario. Y ahí empezaste a hacer de este hermoso lugar campos de concentración en contra de gente que jamás te hizo nada a ti.
¿Por qué quemaste los bosques? Y los ríos ¿por qué los llenaste de muerte? ¿Porque matas todo lo que te rodea? ¿Tanta es tu ambición?
Por eso me levanto ahora, a romper mis cadenas, porque ya basta de esta mierda, estamos hartos.
…..
Nos rebelamos y te volviste a nosotros cual bestia herida y ardida de venganza, sacaste tus perros, tus látigos y armas.
Bombardeaste a los que solo pidieron piedad, convertiste todo en ceniza; trincheras y tropas, francotiradores y matones convictos, contra tus hermanos, ¿pero sabes una cosa?
Jamás dimos un paso para atrás
Estábamos armados con navajas, listos para rebanarnos el cuello antes de volver a ser tus esclavos, humbres, mujeres, y los niños estábamos alertas.
Piedras, palos botellas rotas y todo lo que pudiera infringir daño era útil, era hora de la libertad, era ahora o nunca.
El fuego duró horas, hubo mucha muerte, mucha sangre, era increíble ver como salían volando las extremidades de la gente, los lamentos de los animales y ese horrible olor a vísceras. Veías todo desde tu ventana cual cobarde y te mofabas con esa sonrisa tan malévola, mientras tu pueblo moría, tu tomabas una copa.
…
Y después de todo corrí escaleras arriba arriesgándolo todo, mientras tus amigos hijos-de-perra me disparaban fallidamente; con mis últimas fuerzas pude empujarte al vacío, fueron los segundos más hermosos; tus gritos, tu terror y con suerte el arrepentimiento que debiste sentir al final de tu vida, cuando finalmente el sentimiento que un pedazo de plomo me desgarraba las entrañas.
Era el final y caí de espaldas detrás de ti.
Sin sangre no se hace la historia, el precio de la libertad siempre ha sido muy alto, pero hay una generación que viene atrás de mí.
‘’Estamos tirados en la línea de fuego, magullados, rasgados, hechos trizas’’.


