Empezaba a ver los puentes como brincolines y el asfalto agua refrescante,
Empezaba a en mis alucines encender botellas llenas de combustible como velas de cumpleaños en mi habitación.
Empezaba a renegar por cada día despertar.
Odiaba ver la gente pasar por la calle desde mi ventana.
Dormir hasta mediodía, solo el calor era la alarma de despertador.
Empezaba a imaginar un hedor a cadáver en alguna parte de la casa, una chica sin sueños que se sumergió en llanto cada aurora.
Tal vez no era soledad ni desespero, tal vez no fue paranoia o alguna vieja tristeza.
Tal vez no salimos nunca o todo fue parte de nuestra imaginación
Podría ser que en alguna callejuela a la que fuimos a tomar un helado y ver las luces o el chapotear del agua en la acera bajo nuestros pies en aquellas lluviosas noches fuera el despertar,
Tal vez fueron las fotos que tomamos aquel día, o el antídoto para nuestros males fue una rebanada de pizza.
Tal vez fue el bebé felino que trajimos a casa semanas después.
Tal vez la vida siempre estuvo ahí, pero nunca lo supimos.
Mucho menos que estaba empezando.
Tal vez siempre pudimos volar.
Flor Pérez

