MES DE LOS MUERTOS
Hay muy pocas cosas de las que me arrepiento en la vida, pero hay algunos casos en los que hago excepciones, esta historia la he guardado mucho tiempo en el pecho, pero hay ciclos en la vida que creo debo de cerrar, y este es uno de ellos, el recuerdo de este buen muchacho, estuvo enjaulado algún tiempo considerable pero creo que es momento de abrir la rendija y dejarlo ir, el tiempo borra todo Alex, que tengas bonito viaje, aquí siempre va haber un cálido recuerdo de tí aunque el mundo pareciera haberte olvidado.Por eso escribí esto por allá del 2015, porque quise de alguna manera explicarte que fue lo que pasó y sentí desde que tu te marchaste.
ALEX
Hace algunos meses estaba sola, tirada en la cama, escuchando algunas viejas canciones , de repente apareció una en especial y me empecé a arrepentir tanto...
Me arrepiento de no haber abrazado cuando pude, a quien me quiso tanto, que lo dio todo por mí, que siempre me trató como si fuera la única mujer sobre el planeta, y yo nunca lo besé, jamás tomé su mano al caminar; nunca le di un abrazo, creí que era suficiente salir en las tardes a caminar al bosquecito del río, pensé que ya hacía mucho por él dejando que me describiera de una manera tan vívida cómo me haría el amor. ‘’le vendería mi alma al diablo -decía- por solo tocarte debajo de la ropa, pero si me dejas hacerte de todo, en ese caso me moriría de gusto’’.
Su larga cabellera castaña, sus ojos cafés claro me perforaban el alma y me decía: ‘’Flor, canta’’ y yo cantaba mientras él tosía y tosía su alma entera, disimulando, limpiaba con un pañito ese líquido café y sanguinolento que le salía de la garganta, por eso me daba asco, sí, me daba asco porque estaba enfermo e iba a morirse y era un esqueleto oloroso a opio; así de patéticos somos los seres humanos. Nunca supe que lo quería tanto, ni di cuenta lo importante que fue para mí hasta el día que llegó su abuela y tocó a mi puerta con insistencia y me dijo lo que había pasado, como enojada, como indignada, fue ahí cuando lloré, lloré y lloré como un bebé.
Se miraba hermoso; su anoréxico cuerpo de piel pegada a los huesos estaba confortablemente tumbado entre sábanas de satín con un mechón de su preciosa cabellera castaña, abundante, ondulada que siempre lo distinguió, adornándole la frente; sus ojos cerrados en completa calma y sus blancos labios lo hacían lucir como un ángel; la muerte le sentaba bastante bien. ‘Te ves muy guapo hoy’’ le dije. Y me fui. Al alejarme hacía eco su canción preferida:
Mentira- Manu Chao.
No quiero recordarlo, tampoco seguir soportándolo. Es raro que piense en eso justo ahora.
Me vuelvo a dormir, pero esta vez con la cara mojada.

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