‘’A veces nos sentimos desorientados, como un mareo que hace que nos sintamos adormilados y con pocas ganas de vivir, con pocas ganas de creer, de crecer, de ser fuertes.
Y así se nos va la vida, y de pronto; ya no estamos…’’
¿Qué es? No sé.
Tal cual pasaría en una película melancólica así pasó aquel día.
Era un mes de diciembre de no sé qué año pero hacía frío, y mucho, el olor a humedad y lo frío del aire hacían que doliera la nariz; y ahí estaba yo, no pregunten como llegué ahí ni qué me pasó porque no recuerdo nada, lo único de lo que estoy consiente es de que era algo para nada bueno pues la habitación en la que estaba era hermana gemela de las que se ven en las películas de terror.
No sé cuántas horas llevo aquí, ¿o días? Trato de ponerme de pie y mi cabeza duele, como si me hubieran aporreado, aparte de eso mi piel se siente casi congelada pues solo visto shorts y una playera sin mangas, me asomo por la tétrica ventana llena de telarañas e inhalo una bocanada de aire que en vez de ayudar resulta ser más tóxico que gas lacrimoso; esto está muerto, no hay nadie por las calles, es más, está todo grisáceo y opaco, parece que todo se hubiera esfumado como en una ciudad fantasma, abandonada o por mucho recuerdo haber visto fotografías de Chernóbil después del desastre y esto se ve muy pero muy parecido; el único signo de vida que logro ver es un gato asustado corriendo calle abajo.
Pasaron varios minutos antes de recuperarme, finalmente me decido a salir no sin antes buscar mi chaqueta, un encendedor y un cigarrillo; me pongo mis botas y sólo entrecierro la puerta detrás de mí y el crujido de las bisagras produce un escalofrío que estremece.
Es horrible, no hay nadie, parece que hubo una explosión aquí, los edificios están vacíos con ventanas rotas, hay autos quemados a lo largo de la calle; me detuve hace un rato frente a una tienda de ropa y hasta la cara del maniquí insinuaba que tenía ganas de llorar; tanta soledad desespera.
Se escucha a lo lejos una triste balada, como de violines, es tan hermoso que no aguanto las ganas de ir en esa dirección.
En efecto, era eso mismo que pensé: ‘’ fantasma de la ópera’’ sonando en un minicomponente de una casa vacía; lo pude escuchar varias veces desde la ventana, resultó serme tan reconfortante; lo raro es que solo estaba ese aparato ahí, en medio de esa casa vacía como si alguien lo hubiera hecho con la intención que alguien, quizá la última persona que estuviera por ahí, lo escuchara.
Empezó a llover un tipo de agua un poquitín babosa, o será que yo me encuentro asqueada; empiezo a percibir un olor como a moho, o desagüe, así que mejor prendo un cigarrillo, y así voy, caminando sin un rumbo fijo, mojándome en un silencio total. La obscuridad empieza a caer, el sonido de mi cigarrillo apagándose al contacto con la acera mojada suena a estruendo, me siento perdida. Joder.
Han pasado varios minutos de caminar sola, sin ningún signo de vida, más que algunos animales moribundos, de pronto; escucho un ruido que me espanta.
Alguien está corriendo hacia mí por detrás, y la verdad yo no sé si correr, gritar, quedarme parada, fingir no escuchar, o voltearme a enfrentar lo que sea; pienso en que podrían ser mil cosas, tal vez mi hermana, mi hermanito, papá o mamá, tengo tiempo sin verlos, no sé qué hacer.
Los pasos se escuchan cada vez más cerca, y cada vez más veloces, siento el impulso de agarrar un palo o una piedra pero no sé si sea buena idea; no tengo miedo, pero por si acaso.
Preferí detenerme a secas sin voltear, si era alguien conocido se detendría detrás de mí, y si fuera alguien desconocido pasaría de largo…. Mala decisión.
De pronto, un inimaginable dolor en la parte trasera de mi cabeza, un agudo chillido de mis oídos y poco a poco empiezo a perder la visión.
Estoy tirada en el piso, siento sangre caliente saliendo a borbotones de mis fosas nasales y de mis orejas; percibo como mi vida destila fuera de mí, junto con mi sangre.
Ese ‘’alguien’’ me dio un golpe en la nuca con la fuerza de un animal; toso torrentes de sangre mientras sonrío porque no puedo hacer nada más. Estúpida.
Entonces empiezo a sentir el delirio, ese tan mentado delirio de muerte.
Colores que no son colores, palabras y sonidos que tampoco lo son, sensaciones en la piel que jamás sentí, miradas, escupitajos y sonrisas macabras de animales que ni siquiera existen.
Me recuerda aquellas veces…
La muerte no duele, es tranquila, hasta cálida. Me siento tan liviana como un pedazo de hojarasca arrastrada por la brisa de un manantial, y pienso: ¿por qué le tememos a morir?
Con la vista ya nublada y con la última ración de oxigeno que han de respirar mis pulmones, me veo a mi misma sentada en un funeral, ¿el mío? No sé, pero la gente ahí no llora por la fallecida, lloran por ellos mismos, porque se tienen lástima, porque son ellos los que están en la fila de los condenados a muerte por la ley de la vida, o porque no le temen a morir si no a cómo morirán la intriga da miedo, o qué importa ,pero ellos lloran, lloran desconsoladamente y a mí la verdad, nada me provoca más nostalgia que ver a una señora anciana sentada enfrente de mí que no deja de mirarme, su mirada es muy triste, parece querer decirme algo , como un deja vu, me doy cuenta que ella soy yo, pero llena de fracasos, de aventuras, de amores que nunca fueron, las telarañas del destino hicieron estragos, el alcohol, las desveladas, los excesos, las mentiras , los viajes, los golpes, las veces que fui prisionera , todas estas cicatrices en mi cuerpo. Entonces empiezo a arrepentirme de todo.
Y me pregunto, ¿para esto tanto dolor, para esto tanto sufrimiento? No entiendo como no hay alguna recompensa por la vida, ni un bono extra, no me puedo traer conmigo ni siquiera mis alegrías, ni mis suspiros, ¿es demasiado pedir llevarme solo eso? Pero no hay respuesta.
Y la muerte al final solo es soledad, es un viaje sin aviso y sin retorno.
Solo llegaste, y de más está decir que te irás solo.
Minutos en blanco.
Acabo de despertar en la misma habitación de donde partí, no sé si sigo en el sueño o esta es la realidad.
Me asomo por la ventana.
Hay un gato asustado corriendo calle abajo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario