jueves, 2 de noviembre de 2017

FISURA

FISURA




Hundiendo el dedo en la arena, ese muchacho, ha estado triste desde hace tanto, mamá no 
está y se siente solo/tan solo, sí/ muy solo.
Cielo lapislázuli, llora amargamente, de vez en cuando estornuda truenos y rayos que 
iluminan bosques y urbes, la actividad del día termina y ahora hiede a tristeza, 
tormento de aquellos que la vida ha hecho parias.
No me dejes solo / no 
Tú no, por favor, tú no, no esta noche, por favor, esta noche no,
(y el llanto quiebra ese flaquito, y frágil cuerpo) mientras me abraza por la cintura y 
me quedo quieta sintiendo como mi ropa se moja con el líquido salado y tibio que sale de 
sus ojos.
No llores cachorro, acaso no has visto que las nubes ahora parecen guirnaldas, seca tu 
sudor, cariño; pero el portazo suena fuerte, ’’ no te levantes ha sido el aire’’- me 
dices, entonces regreso a la cama y nuestra respiración impar dura hasta el amanecer,
‘’yo te amo, pero tú a mí, no’’ balbuceas.
‘’cállate’’
Oye las grullas, es hora de levantarse, vamos a prender una lumbrita para hacer café/ya no hay café, ¿un té? 

-Pero es arsénico.

Lunas van, lunas vienen, el picor que produce en la piel el calor del sol y ese 

interminable tic, tac, tic, tac del viejo reloj sobre la mesita, ¿acaso no te cansas?
No
Descansa boca abajo, con la cara pegada a la almohada que ya vienen la aves de rapiña, 
solo aguardan por nosotros y el terror que dibuja este rostro, y el miedo que hace que 
escriba esto.
Tu voz es fea, aburre. No enfurezcas.
Lárgate no te quiero ver /cariño
Sobre un sofá lleno de vidrios, con cortes por doquier, cayó la 
media noche, los ronquidos y pensamientos en la oscura habitación 
contigua taladraban la pared.
Me quedé sola a llorar, los espectros son más tangibles de noche, amor.
Ahora siento lastima por mí, muchacho, la miseria no debería ser contagiosa, apaga la luz.
Ya no grites que nadie puede escuchar, los dioses están tomando su siesta y yo estoy cosiendo la 
piel de mi alma, deberías hacer lo mismo.
Los ventarrones de aire y polvo de esta casa fantasma y tétrica que albergó nuestras alegrías, 
donde nos vimos, morir y vivir; anunciaron que iba a caer, hubo muerte, temible presagio o mal 
augurio, no lo sé.
Esperemos no nos lleve el mal. 
Como un alud de ira, 
Nosotros
Cegados del enojo lastimamos, herimos, rompemos huesos y vidrios, quebramos corazones.
Y justo hoy me siento triste, por favor no me sueltes, abrázame.
Vámonos ya.
Que tengo mucho miedo.




(Flor Pérez, un 24 de marzo año 2017)




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Te me morías

Me di cuenta en cada beso, tus labios eran cada vez más fríos, tu cuerpo era cada vez mas rígido, tu pecho ya no palpitaba, cuando me v...